El chantaje emocional en niños: una estrategia tan triste como dañina

El chantaje emocional desgraciadamente suele formar parte de la educación de muchos niños. A través de la culpa, el miedo, la intimidación, la amenaza y muchas veces también con paciencia y cariño muchos padres consiguen que sus hijos hagan lo que quieren. Por otro lado, muchos padres desconocen las consecuencias que puede tener en su educación y en su relación con ellos la manera en la que deciden influir en su comportamiento.

El chantaje emocional en niños es una forma de manipulación muy tentadora para condicionar su comportamiento. El chantaje es una conducta aprendida, o sea que los más pequeños también pueden aprender a valerse de ella. Por otro lado, es una forma de influencia que rara vez se elige de manera consciente, pero que de alguna manera resulta reforzada por lo efectiva que resulta las primeras veces que se utiliza.

En la red hay miles de artículos que hablan del chantaje emocional en niños, de hijos a padres, de berrinches, rabietas y amenazas por parte de los hijos para conseguir lo que quieren de sus padres. La realidad es que este es un comportamiento aprendido, que empieza en casa, cuando los padres dicen frases como: “Si no sacas buenas notas, ya no te vamos a querer”, “Si eres malo, no te van a traer regalos los Reyes”, “Si no recoges tu cuarto, no te compraremos más juguetes”, etc.

¿Por qué recurrimos al chantaje?

Muchas veces recurrimos al chantaje porque este puede devolvernos un control que no sabemos recuperar de otra manera o conseguir que los pequeños obedezcan sin protestar. Pensemos que el control no es sinónimo de educación. Decirle a nuestros hijos qué hacer, cómo hacerlo y amenazarlos si no lo hacen inmediatamente reduce al mínimo su capacidad de decisión, cociendo de esta manera un inmejorable caldo de cultivo para que en el futuro sean dependientes o muy rebeldes.

Madre muy enfadada con su hijo

Emplear el chantaje emocional en niños puede ser el peor de los remedios para nuestra inseguridad como padres, una de las peores formas de “protegernos” ante las preguntas de los más pequeños. También puede indicar que contamos con poca paciencia para respetar sus tiempos y/o poca tolerancia para aceptar que puedan hacer las cosas a su manera y que esta sea diferente a la nuestra.

Aplicar el chantaje emocional en niños quizás puede ayudarnos a que nos cansemos menos, a tomar las decisiones por ellos que más cómodas nos resultan o conseguir que hagan todo aquello que queremos. Pero, ¿y a largo plazo? Como ya hemos apuntado antes, esta estrategia puede llegar a ser realmente peligrosa.

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