Cinco frases que no tienen sitio en una buena educación

 

Educar no es una tarea sencilla. Es una tarea que requiere un montón de cualidades (paciencia, amor, ilusión, tiempo, et.) y a menudo sus frutos se ven a largo plazo. Además, educar es un acto mucho más amplio que lo que entendemos comúnmente -no solamente educan los padres, o los abuelos, o los tíos- sino que es un acto mucho más global. Por ejemplo, de alguna manera cuando transitamos por la calle y tiramos un papel al suelo o a la papelera le estamos indicando a los que nos rodean (y nos observan queriendo o sin querer) aquello que para nosotros es lo correcto.

Los adultos habitualmente son menos sensibles a recibir educación, ya que por su experiencia han visto a personas reaccionando de diferentes formas ante la misma situación por lo que un ejemplo individual les va a influir, probablemente, mucho menos. Sin embargo, con los niños y adolescentes no ocurre esto y no debemos olvidar que ellos se encuentran en todas partes.

En el marco de la educación, hay cuestiones que pueden parecer obvias o de sentido común y que se encuentran en nuestro imaginario como positivas, pero tal vez no lo sean tanto si tenemos en cuenta la salud mental o psicológica del niño.

Aquí están las cosas que nunca has de decirle a tus niños (según la mayoría de los expertos):

1- “Muy bien”: aquí está el primer dilema, ¿cómo que no puedo felicitar a mi hijo cuando saca una buena calificación en el colegio o cuando consigue una distinción en su deporte preferido? Nadie está diciendo esto, por ello vale la pena aclararlo. Los psicólogos dicen que el equilibrio debe estar presente en todo momento. No es bueno el “aplaudir” cada cosa que hace pero tampoco expresar una palabra de felicitación nunca. Otra cuestión a tener en cuenta es la frase o expresión que se utiliza en cada caso. No vale el “muy bien hijo”, “te felicito hija”, “sigue así pequeño”, porque son muy generales. Mejor es decirle en cada caso puntual por qué lo estamos felicitando, para que sepan que estamos al tanto de lo que le ocurre. “Has subido muy bien las escaleras”, “tus notas en matemáticas están cada vez mejor”, “me alegro de los goles que has hecho en la última práctica”, etc.

2- “Estoy ocupado”: lamentablemente esta es una frase que se repite mucho en las familias actuales. Si el niño la oye demasiadas veces en la semana y en su vida, pensará y sentirá que no es importante para ti. Es cierto que tengas obligaciones y “miles de cosas para hacer”, pero tu hijo debe estar entre tus prioridades siempre. Ya sabemos que si no trabajas no le puedes dar de comer ni enviarlo a la escuela, sin embargo, el recuerdo de tus pequeños viéndote todo el día ocupado tampoco es positivo para ellos. Y como se decía en el punto anterior, no digas el genérico “estoy ocupado”, sino que debes explicarle por qué lo estás, al menos con algún detalle la razón por las que el papá o la mamá no puede atenderlo en ese momento.

3- “Ya verás cuando llegue tu padre (o tu madre)”: si se pone al otro progenitor como el ejemplo de castigo, siempre será el malo de la película. Es verdad que en una pareja hay uno de los dos que es más dominante o más estricto, pero no por ello debemos hacer que se convierta en el ogro del cuento. El niño aprenderá a través del temor y del miedo hacia esa persona que va a llegar más tarde y generará un sentimiento de inseguridad al verlo entrar por la puerta. Mejor es que el padre a cargo en ese momento se haga responsable del castigo que merece el niño. Habla con tu esposo/a para determinar los límites.

4- “No llores, que no ha pasado nada”: si es tan así, el pequeño no tendría por qué derramar lágrimas. Llorar es una manera de comunicarse que tienen los niños hasta cierta edad. La tarea de los padres es ayudarlo a que se exprese de otra forma, que cuente lo que le ocurre y sobre todo, hallar la forma de enfrentarse a eso. Decirle “estás bien” o “ya pasó” no es una solución.

5- “Voy a….”: puedes rellenarlo con cualquier amenaza que se te ocurra, desde te quitaré el móvil a te pegaré una cachetada. Si se advierte de algo que se va a hacer pero no pasa de una frase, el niño ya sabe que se trata de una simple “advertencia” pero que no realizarás. Además es infundirle temor y no darle la capacidad de entendimiento.

Autora: Yamila Papa                                                           Web: www.lamenteesmaravillosa.com
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