Comunicación positiva en situaciones de conflicto – Parte 1

Comunicación positiva en situaciones de conflicto a través del entrenamiento emocional.

Todos pasamos mucho tiempo, enseñando a nuestros hijos cosas sencillas como atarse los cordones de sus zapatos, pero, frecuentemente, esperamos que aprendan a manejar sus emociones más complejas como la ira, la tristeza o la frustración sin que les ayude nadie.

El entrenamiento emocional ayuda a que se generen vínculos familiares más fuertes para preparar a nuestros hijos a adaptarse a un mundo cada vez más complejo.

Las investigaciones del Dr. John Gottman, demuestran que los hijos que aprenden a gestionar sus emociones funcionan mejor en el colegio, crean amistades más consolidadas y tienen menos problemas de comportamiento, viviendo más felices, saludables, con menos estrés y presión psicológica.

Así pues, el entrenamiento emocional nos enseña a los padres a cómo lograrlo:

Comunicación. Los cinco pasos del entrenamiento emocional

Paso 1. Tener conciencia de las emociones

Paso 2. Ver los momentos emocionales como oportunidades para mayor acercamiento y facilitar el aprendizaje

Paso 3. Escuchar con empatía

Paso 4. Clasificar las emociones

Paso 5. Poner límites a la vez de ayudar a nuestro hijo a resolver sus problemas

Paso 1. Tener conciencia de las emociones de nuestros hijos ¿Cómo?

Siendo consciente de mis propias emociones y comprendiéndolas. ¿Cómo manejo mis propias emociones especialmente, las de ira o tristeza? ¿Cómo cambian mis emociones a lo largo del día? ¿Cuántas palabras relativas a las emociones utilizo? ¿Qué hago con mis propias emociones?

“Los padres que están en contacto con sus propias emociones,

pueden relacionarse mejor con las emociones de sus hijos.

Recordemos que los padres somos

el primer modelo de referencia y de actuación”

Una forma de tener conciencia de las emociones de nuestros hijos es:

  • Tratar de ver el mundo con los ojos de nuestros hijos cuando están “luchando” con una emoción.
  • Escuchar, cuando son pequeños, a cada uno de nuestros hijos atentamente cuando juegan para así descubrir qué les pone ansiosos, temerosos, felices u orgullosos.
  • Ser más consciente de nuestras propias emociones. Mientras mejor comprendamos nuestras propias emociones, mejor comprenderemos las de nuestros hijos.
  • Cuando sea conveniente, comparta sus propias emociones con sus hijos de forma natural y empleando un lenguaje que comprenda en relación a su edad.
  • Ayude a sus hijos a construir un vocabulario para expresar sus diferentes sentimientos y ayúdeles a comprender de dónde vienen.
  • Ser consciente y comprender que nuestros hijos pueden experimentar diferentes emociones al mismo tiempo.

En definitiva, recordar que nuestros hijos aprenden a gestionar sus emociones viéndonos cómo nosotros hacemos frente a las nuestras.

Paso 2. Ver los momentos emocionales como oportunidades para el acercamiento y facilitar el aprendizaje

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Como padres, nos encontramos de forma diaria experimentando emociones muy diversas con respecto a lo largo del día con respecto a nuestros hijos.  ¿Quién no comparte el orgullo y la alegría de su hijo cuando nos muestran un dibujo pintando por ellos? O ¿Quién no se enfada cuando nuestro hijo adolescente tras pactar con nosotros su vuelta a una hora determinada, viene más tarde y no nos ha llamado para advertirnos?

Es, en estos momentos de arranques emocionales cuando nuestro papel como entrenador emocional se pone en juego.  ¿Cómo?  Respondiendo con Paciencia y Empatía.

Paso 3. Escuchar con empatía y validar las emociones de nuestro hijo

Para llegar a lo que hay en el interior de un hijo, es preciso escucharle cuidadosamente. Cuando escuchas sus palabras de un hijo, le estás demostrando que sus sentimientos nos importan. Sin embargo, escuchar implica algo más que utilizar nuestros oídos. Los hijos nos pueden expresan sus emociones de muchas formas y los padres hemos de aprender a “leer” estas emociones, observándoles en su expresión facial (como fruncir el ceño), su lenguaje corporal (bajar la cabeza en señal de tristeza o cerrar los puños, en señal de contener agresividad), las palabras que utilizan y cómo (el tono de voz que emplean, el énfasis que ponen en ciertas palabras) u otras formas en las que nuestros hijos revelan sus comportamientos acerca de lo que les pasa.

En numerosas ocasiones, nuestros hijos pueden no sentirse cómodos hablando de sus emociones, siendo necesario que nosotros les ayudemos a llegar a la raíz del problema. Imaginemos que nuestro hijo siempre le ha gustado ir a kárate y de repente manifiesta rechazo a ir, esto puede indicarnos qué algo está pasando.  En este momento, hemos de tratar de preguntarle qué sucede para que se sienta así. Al principio, su contestación será “no es nada”, sin embargo, nosotros hemos de insistir realizando una pregunta relacionada con su gusto inicial por este deporte. Un ejemplo podría ser: Hasta hace un mes te encantaba ir a Kárate “¿te ha pasado alguna cosa con tus compañeros?”. Para muchos, la parte más compleja es cuando nuestro hijo comienza a abrirse, contándonos lo que le sucede y lo podemos considerar como algo insignificante o tonto. Si nuestro hijo nos expresa que hay un niño que se ríe de él porque no sabe dar las patadas y le decimos: “olvídalo, sigue a lo tuyo”. Estaremos dejando de lado una buena oportunidad para ayudarle a afrontar dicha situación con respecto a las emociones que siente y a cómo puede afrontarla de forma más constructiva si sucede una próxima vez, o si le sucede algo parecido en otro entorno.

Así pues,

  • No descarte las emociones de un hijo como insignificantes o tontas; hemos de recordar que son de gran importancia para nuestro hijo.
  • Escúchele de manera que él sepa que le estamos prestando atención y le tomamos en serio.
  • No juzgue ni critique sus emociones. Busque una forma de mostrarle a su hijo que comprende lo que está sintiendo.
  • Recordar que hemos de manifestar con palabras y gestos que comprendemos sus sentimientos y posteriormente, en caso necesario, ayudarle a adquirir nuevas formas de comportamientos o expresar consejos.

Algunas situaciones que pueden parecernos pequeñeces a los padres, son monumentales ante los ojos de un hijo que las está experimentando por primera vez.

Paso 4. Clasificar las emociones. Dime cómo te sientes

comunicación familiar

Clasificar las emociones es un paso relevante en el entrenamiento emocional.

Frecuentemente, los hijos carecen del vocabulario básico necesario para manejar las emociones que sienten, sean éstas por celos, resentimientos, miedos o preocupaciones. Los padres que le dicen a un hijo que está llorando a lágrima viva algo como “Te sientes triste, ¿no es cierto?”, o a un hijo en medio de una rabieta “Veo que te sientes enojado” cumplen una tarea muy importante.

Investigaciones científicas han mostrado que cuando  ayudamos a nuestro hijo  a verbalizar sus sentimientos y darles un nombre, no solamente les transmitimos que le comprendemos sino que les aportamos calma y la oportunidad de aprender a reconocer sus emociones.

Para ello, como padres podemos cuando son muy pequeños, y aún no saben hablar, ayudarles a identificar emociones mediante el uso del juego. Una forma puede ser mediante el dibujo de diferentes caras en un dedo: alegre, triste, furioso… , o mediante, marionetas con diferentes emociones, ayudándole a señalar el dedo según pueda sentirse en un momento determinado.

Hemos de tener en cuenta que nuestros hijos aprenden observando y copiando lo que nosotros, como padres, realizamos. Así que nuestra labor principal consiste en servir de modelo identificando nuestras propias emociones y ayudando a nuestros hijos a identificar las suyas.

Paso 5. Poner límites

comunicación familiar

Los hijos manifiestan sus emociones de formas muy diversas. Algunas veces hacen cosas que “se pasan de la raya”. En tales casos, quizá el hijo le pegue a su hermano porque está enojado, muerda a un amigo porque tiene celos de él, o rompa juguetes al sentirse frustrado.

Para los hijos, especialmente los más jóvenes, aprender las formas en que se pueden expresar las emociones constituye una de las lecciones más importantes en la vida. Lo difícil para los padres es saber cómo aceptar y apreciar las emociones de sus hijos a la vez que tienen que imponerles límites cuando sus comportamientos no son adecuados. El paso siguiente es ayudar a los hijos a resolver los rompecabezas emocionales que van a presentárseles, grandes y pequeños, porque son una parte normal del crecer.

Necesitamos comunicarles que todos nuestros sentimientos son aceptables, pero no todo comportamiento lo es.

Por ejemplo, un hijo puede estar enojado con su hermano, pero eso no quiere decir que puede pegarle. Podemos entender su sentimiento de enojo, pero el hijo debe aprender que pegarle a su hermano no es un comportamiento tolerable.

Un método que podemos utilizar para ayudar a nuestro hijo a gestionar de forma adecuada su emoción puede ser:

  • Identificar junto con nuestro hijo qué emoción/ es está sintiendo.
  • Darle un nombre a esta emoción
  • Explicarle que su comportamiento no ha sido bueno y que no es tolerado
  • Encontrar juntos una solución mejor que la del comportamiento no tolerado.

Ver más: La comunicación familiar y las creenciasLa comunicación afectiva y efectiva entre padres e hijos – Abriendo puentes con nuestros hijos según la edad

 

 

 

 

Autora: Lourdes López Romero                                        Web: www.iniciarrhh.com

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