Educar es dirigir menos y cuestionar más

Ni el problema ni la pregunta son conocimientos, al contrario, son reconocimientos de ignorancia, pero abren espacio al conocimiento, impulsando al investigador más allá de lo que sabe. La inteligencia no es, por tanto, la capacidad para resolver problemas, sino, sobre todo, la capacidad para plantear problemas. Es decir, para inventar proyectos de investigación.” José Antonio Marina

Es curioso que en la escuela muchas veces enseñamos a nuestros alumnos respuestas antes incluso de que conozcan y tengan capacidad de comprender las preguntas.
Y no es menos peculiar que nuestro objetivo sea dotarles de respuestas y no herramientas, habilidades y destrezas que les permitan cuestionarse el mundo.
Sin darnos cuenta, tristemente, educamos a nuestros alumnos y alumnas para “no ver”, cuando lo que deberíamos educar es su forma de mirar el mundo.
En nuestros sistemas educativos se potencia una enseñanza instrumental y acrítica, que lo que crea son “niños y niñas loro”, que repiten sin entender en realidad de qué se trata. Es un tipo de alumno que en palabras de Ritscher “recoge, barre, compone más o menos confusamente ideas y sugerencias, y las lleva dentro de sí, intentando volverlas a proponer tal como las ha recibido“.
A nuestros alumnos debemos dirigirlos menos y cuestionarlos más… pero esa no es una tarea sencilla y está muy lejos del tipo de formación que reciben los docentes. La pregunta adecuada es generadora de conocimiento y la búsqueda de respuestas debe ser el propósito de la educación.
Para generar preguntas, para cuestionarse el mundo que nos rodea, para no aceptar de manera acrítica lo que nos dicen y proponen es necesario que seamos capaces de construir un andamiaje mental en nuestros alumnos que les dote de las capacidades adecuadas para ello. Ese andamiaje debe estar basado en un alto nivel de exigencia para con los alumnos, de modo que no se limiten a navegar superficialmente por los problemas a los que se enfrentan, sino que se enfrenten a ellos con meticulosidad y perseverancia.
Una buena forma de empezar a cambiar nuestra manera de educar en las escuelas es replantearnos la forma de evaluar a los alumnos basada en la respuesta a preguntas estándar. Eso genera un tipo de aprendizaje basado en la memoria corto plazo que no tiene los efectos que pretendemos en una educación que buscar que los alumnos y alumnas sean capaces de mejorar el mundo en el que viven.
Autor: Salvador Rodriguez                      Web: www.salvarojeducacion.com
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