Efecto Golem: concepto y características

Hace más de 20 siglos, ya decía Pitágoras: ‘Enseña a los niños y no será necesario castigar a los hombres’. El desconocido efecto Golem apuesta justo por lo contrario. Vamos a conocerlo un poco mejor.

Pero, para entender el efecto Golem, también conocido como efecto Pigmalión negativo, es interesante recordar en qué consiste el efecto Pigmalión desde un punto de vista psicológico.

Efecto Golem vs. Efecto Pigmalión

Entendemos el efecto Pigmalión cuando una persona, por pensar que puede influir sobre otra, termina teniendo esta influencia. Por lo tanto, tiene mucho que ver con las expectativas y está muy relacionado con otro efecto, el de la profecía autocumplida (observamos la realidad como esperamos que sea, facilitando, a su vez, que sea como la observamos).

Profesor con alumnos en clase

Obviamente, este efecto es primordial en la educación y desarrollo de los niños. Profesores, padres y tutores tienden a animar a los chicos para que exploten sus potencialidades, porque tienen expectativas positivas, para hacer todo aquello que se propongan y sean capaces. Como decía Pitágoras, enseñar a los niños para que sean adultos más equilibrados y seguros de sí mismos.

Por desgracia, es el efecto contrario el que nos trae aquí, pues que el Golem es el reverso del Pigmalión. En este proceso, un tercero condiciona, por sus expectativas negativas, al niño para que disminuya su autoestima y no se considere capaz de hacer algo.

Tanto el Golem como el Pigmalión retroalimentan al pequeño. Si un chico es animado y logra su objetivo, se sentirá capaz de ir mucho más allá. Por el contrario, si se cree inferior e incapaz, difícilmente se marcará metas que le ayuden a crecer.

“En cada niño se debería poner un cartel que dijera: Tratar con cuidado, contiene sueños”.

-Mirko Badiale-

¿Dónde se produce el efecto Golem?

Curiosamente, tanto el efecto Golem como el efecto Pigmalión se reproducen de manera constante en el entorno académico. Por desgracia, hoy está muy extendido también en sectores sociales y laborales.

En el aspecto educativo, fueron Jacobson y Rosenthal quienes lo han estudiado con mayor insistencia. Se dedicaron a investigar la profecía autorrealizada, y observaron que muchos maestros realizaban cierta clasificación inconsciente de sus alumnos. Así, y de forma totalmente irracional, influían su rendimiento facilitando los medios para que, de manera inconsciente, estas se cumplieran.

Un ejemplo lo encontraríamos en aquel profesor que piensa que un alumno es menos inteligente que otro. Así, lo más probable es que los retos que le plantee al que considere menos inteligente sean más sencillos, de esta manera y sin quererlo, hará que este termine con menos conocimientos.

¿Se puede frenar este efecto?

La verdad es que es complicado frenar este efecto. Sigamos con el ejemplo del profesor: genera expectativas sobre sus alumnos, de manera automática y con poca información, y actúa en función de esas expectativas, haciendo que finalmente estas se cumplan.

Según los datos, los chicos que reciben una estimulación más rica terminan por obtener un mejor rendimiento académico. Así, el fenómeno se retroalimenta, logrando un efecto Golem en unos chicos y un efecto Pigmalión en otros.

Como es lógico, un primer paso para paliar este fenómeno es tomar conciencia de ello. Especialmente los profesores, pero también padres, tutores o familiares deben ser conscientes de lo perverso que puede ser este efecto.

Además, este efecto tiene consecuencias más allá del ámbito académico. Pensemos que, por ejemplo, el rendimiento del niño puede terminar afectando a su autoestima.

Por otro lado, y saliendo del terreno educativo, también podemos observar este efecto y su contrario en el ámbito laboral. Es frecuente que los jefes tengan expectativas sobre sus empleados, que actúen en base a estas expectativas y que, por su actuación, sus expectativas terminen teniendo algo de realidad.

“La educación no es la preparación para la vida. La educación es la vida en sí misma”.

-John Dewey-

De hecho, puede darse el caso de que nosotros mismos hayamos sido víctimas inconscientes del efecto Golem. Al ser algo tan irracional, casi implantado en nuestra consciencia, apenas nos damos cuenta del perjuicio que provoca.

En este sentido, es importante probar técnicas que nos permitan, como profesores, padres, jefes o tutores, ser más conscientes y menos prejuiciosos. Opciones como el mindfulness o la meditación, que buscan obtener una consciencia más plena, podrían ser útiles en este sentido.

 

Autor: Pedro González Núñez

Web: Lamenteesmaravillosa

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