Estar presente en la vida de tus hijos

Para estar presente en la vida de los hijos se requiere autoconocimiento y ser padres y madres conscientes.

Intenta imaginar el mundo desde la perspectiva de tu hijo, dejando intencionalmente tu propio punto de vista. Haz ésto todos los días, al menos por un momento, para recordar quién es tu hijo y qué es a lo que se tiene que enfrentar en este mundo.

Imagina cómo te presentas como su padre o madre desde el punto de vista de tu hijo, cómo te ve y te escucha tu hijo, cómo es tenerte como padre/madre hoy, en este momento. Piensa cómo esto puede modificar la manera en que mueves tu cuerpo, la manera en que hablas y lo que dices. Piensa: ¿cómo quieres relacionarte con tu hijo en este momento?

Estar presente en la vida de tus hijos

Practica ver a tu hijo como “perfecto” tal y como es. Fíjate si puedes ejercitar la conciencia plena acerca de su “soberanía” momento a momento, y trabajar en aceptarlo tal como es, aún cuando es difícil para ti hacer ésto.

Sé plenamente consciente de tus expectativas para con tu hijo y considera si son reales y si son verdaderamente lo mejor para él. También sé consciente de cómo le trasladas tus expectativas y cómo ésto afecta a tu hijo.

Intenta poner las necesidades de tu hijo por encima de las tuyas cuando sea posible. Luego fíjate si hay una misma base que haga que estas necesidades puedan encontrarse. Puedes llegar a sorprenderte de cuánto son posibles de superponerse, especialmente si eres paciente y buscas un equilibrio en este sentido. No te estoy diciendo que le des las espalda a tus necesidades sino que intentes que las suyas tengan la misma prioridad que las tuyas, eso es un liderazgo horizontal.

Estar presente en la vida de tus hijos

Cuando te sientas perdido/a, recuerda por un momento quedarte quieto/a y meditar para traer atención plena a la situación, a tu hijo, a ti mismo, a la familia. Al hacerlo, trata de ir más allá del pensamiento, aún del pensamiento positivo, e intenta percibir intuitivamente con todo tu ser qué es lo que se necesita hacer. Si eso no se aclara en ningún momento, quizás lo mejor sea no hacer nada hasta que esto empiece a aclararse. A veces es bueno permanecer en silencio y buscar un rincón dónde calmarte o un tiempo fuera positivo.

Intenta llevar a cabo con tu cuerpo, una presencia silenciosa. A través de prácticas formales e informales de conciencia plena podrás desarrollar esto, si prestas atención en cómo llevas tu propio ser, cómo proyectas tu cuerpo, tu mente y tu discurso. Escucha cuidadosamente.

Aprende a vivir la tensión sin perder tu propio equilibrio. En la tradición Zen y en el arte de tiro al blanco, Herrigel describe cómo fue instruido para permanecer en el punto de mayor tensión sin disparar la flecha. En el momento correcto, la flecha misteriosamente se dispara sola. Ejercita, a pesar de que pueda resultarte difícil, la posibilidad de permanecer un momento sin intentar cambiar nada y sin esperar que ocurra un resultado en particular. Simplemente trae toda tu conciencia y presencia a este momento presente. Practica la posibilidad de ver que cualquier cosa que pase es se puede mejorar si estás dispuesto a confiar en tu propia intuición. Tu hijo te necesita como su centro de equilibrio y confianza, una rama confiable donde apoyarse dentro de su propio paisaje. La flecha y el blanco se necesitan mutuamente. Podrán encontrarse de la mejor manera a través de una sabia atención y paciencia.

Discúlpate con tu hijo cada vez que hayas traicionado su confianza, aunque lo hayas hecho sólo un poco. Las disculpas auténticas son sanadoras. Una disculpa auténtica demuestra que has pensado acerca de una situación que pasó y que has visto lo sucedido más claramente o, quizás, más desde la perspectiva de tu hijo. Pero sé consciente de no pedir disculpas con demasiada frecuencia. Pierde sentido si estas pidiendo disculpas todo el tiempo, haciendo del arrepentimiento un hábito. De esta manera, se convierte en una manera de no hacerte responsable de tus propios actos.

Todos los niños son especiales y cada niño tiene necesidades especiales. Cada uno ve el mundo de una manera única y particular. Sostén una imagen de cada uno de tus hijos en tu corazón.

Hay momentos importantes en donde necesitamos ser claros, fuertes y unívocos con nuestros hijos. Permitamos que esto provenga de la mayor conciencia, generosidad y discernimiento posible, más que del miedo, la hipocresía y del deseo de control. El ser padres con conciencia plena no significa ser hiper-indulgente, negligente o débil; tampoco significa ser rígido, dominante y controlador. Se puede educar con firmeza y amabilidad.

“El mejor regalo que le puedes dar a tu hijo es tu propio ser.
Esto significa que parte de tu trabajo como padre es crecer en auto-conocimiento y auto-conciencia”.

– Tratar con respeto y recordar siempre que con nuestro comportamiento estamos dando el ejemplo (¿qué queremos transmitirles? ¿es coherente decirles que no griten, gritando?). La coherencia y la consistencia son de fundamental importancia a la hora de transmitir seguridad, valores y normas de convivencia.

– Respirar profundo, ser conscientes de que para poder ayudar a tranquilizar al otro, debemos primero estar tranquilos nosotros (¿cómo dar aquello que no tenemos?) por tanto hay que proveernos de tiempo para nosotros para el autocuidado.
A veces esto no resulta posible, en ese caso puede ser útil evaluar la posibilidad de “delegar” si hay otro ser querido del niño presente.

– Intentar “sintonizar”, tener presente que muchas veces estas situaciones comienzan cuando el deseo del niño y el del adulto no coinciden (por ejemplo, el niño quiere jugar con el adulto y este quiere hacer alguna otra actividad que no lo involucra activamente), o cuando el pequeño tiene necesidades insatisfechas tales como hambre o sueño. Como afirma Alfie Kohn, para “portarse bien”, primero hay que sentirse bien.

– Contener y acompañar, abrazando o simplemente estando cerca, disponibles, a la misma altura del niño.

– Escuchar con atención y validar las emociones.

– Empatizar, reflejar las emociones verbalizándolas, de esta forma ayudamos a que las vayan identificando y diferenciando.

– Prestar atención al tono de voz que empleamos y a nuestro lenguaje corporal.

– Mostrar otras alternativas para resolver el conflicto.

– Enseñar a pedir ayuda y estar disponibles cuando el niño nos necesite.

– En muchas ocasiones también es útil cambiar el foco de atención, cambiar de “escenario”, ofrecer alguna otra actividad que le guste.

“Y sobre todo disfruta del alma y de la esencia de tus hijos, si sabes escuchar y observar con atención serán tus mejores maestros”.

Estar presente vidas hijos

Fuente “Mindful Parenting” por Jon y Myla Kabat-Zinn

Autor: Carmen Fernández Rivas                  Web: www.padresayudandoapadres.es

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