La era del YO DIGITAL sobre el YO EMOCIONAL

 

Reprogramados con cada actualización de nuestro teléfono móvil versionamos de forma diferente nuestro día a día. Es tanto el impacto tecnológico en la vida actual, que es  mayor el tiempo que nos relacionamos con otras personas a través de estos medios que en persona.

Podría parecer una locura ante los ojos de muchas personas, que el hablarle a una pantalla, encasillar un estado del ánimo con un emoji del teclado, se llame “relacionarnos con los demás”.

 

Hemos pasado de darnos la mano, a darnos nuestro email… Ya está mal dejar algo para después, todo debe de ser inmediato. Es una búsqueda continua de satisfacción a través del teléfono móvil: compras, relaciones sociales, etc.

 

Detractores de lo que escribo, comentan que hay necesidades reales que son cubiertas por las redes sociales. Sin embargo, mi creencia es que las necesidades personales de cada persona se ocultan con el uso de las mismas, pues su uso no facilita que las personas tomen conciencia real de cuáles son sus necesidades y dificultades.

Crean una identidad diferente a la suya, un  “YO DIGITAL”. Este otro yo deforma y reconstruye su rostro (los hay que tienen orejas de ositos y nariz de perro).

¿Cómo enseñar a las nuevas generaciones el valor de la amistad? Años atrás pudo haber quedado escrito en las páginas de un libro cuál era su concepto  social. Hoy puedes “ACEPTAR y RECHAZAR” a las personas con un click del ratón o deslizando tu dedo en la pantalla del móvil. Puedes comprar “me gustas” a tus publicaciones, lo que venía siendo una palmadita en la espalda en una reunión de amigos. Es innegable que Facebook es el retrato fiel de nuestra sociedad, pues internamente su funcionamiento es el mismo ¿qué crees que hizo su creador?

Sin duda lo que no hizo, fue crear una comunidad en la que todos sus integrantes estuvieran conectados desde que se registran. ¿Eres usuario o un producto? Somos el caldo de cultivo sociológico más fácil de estudiar y analizar, pues lo que antes escribíamos en un diario personal, es el escaparate con el que mostrar a los demás quién eres “digitalmente”.

¿A cuántos de tus amigos les has dado un abrazo este mes? ¿A cuántos les has escuchado la voz? ¿Cuándo fue la última vez que te reiste y no había una cámara por medio? ¿Cuándo dijiste te quiero o perdón? Realmente creo que trata de esto, perdemos humanidad cuando interactuamos con las personas mediante la tecnología. Aceptar la vida, es rechazar la inmediatez que no tiene nuestra naturaleza. Vivimos en contra de la misma, usando el dinero y volumen de “likes” como indicadores de éxito.

Imagina que pintas un cuadro, le sacas una foto y se hace viral en redes sociales. ¿Tu cuadro ha tenido éxito?, ¿es prueba de ello que es una buena obra? Desde la prudencia te diría que no, una cosa no tiene que ver con la otra. Imagina que pintas otro cuadro, ¿para quién lo pintarías?, ¿disfrutaste pintando el cuadro? El éxito es saber vivenciar cada proceso, independiente de de su resultado final o el volumen de validaciones sociales que tengas.

Te propongo que salgas a caminar o a correr sin tu reloj, no es más importante saber cuántos pasos das que hacia dónde te diriges. Te invito a que pongas en off tu “YO DIGITAL” (lo llevas pegado en la mano desde que te levantas)  y vivas la vida a través de tus ojos, “sin filtros de Instagram”.

Te sugiero que seas como ese cuadro que disfruta de cada pincelada o rasguño que tiene en el lienzo, aceptando tu totalidad y sin necesitar que nadie le de un “likes” a tu vida.

Lo único que debería ser importante cuantificar es el número de pulsaciones de tu corazón porque cuando se para, ya no puedes “reiniciar sesión”.

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