La inclusión nos ‘incluye’ a todos

Todos tenemos derecho a recibir una educación de acuerdo con nuestras capacidades e inquietudes. El desafío actual de los sistemas educativos es luchar contra la exclusión, la defensa de la dignidad de las personas por encima de cualquier circunstancia personal o social. Bajo esta propuesta que revoluciona la visión de la escuela en los últimos 200 años se ha desarrollado este jueves, organizado por la Asociación Educación Abierta en el Medialab-Prado, la desconferencia ‘De qué hablamos cuando hablamos de inclusión’.

Resultó curioso observar cómo durante 90 minutos un grupo de alumnos de bachiller, estudiantes universitarios, profesores, maestros, académicos y padres y madres debatían desde su experiencia personal sobre cómo construir una escuela en la que quepamos todos. Cómo decía la convocatoria sobre qué significa que ‘Todos somos todos’.

En el inicio de la jornada, Clotilde de la Higuera (presidenta de la Asociación Nacional Síndrome de Apert y miembro de la Asociación Educación Abierta) defendió una “educación diferenciada en un ámbito compartido”, es decir, que no se establezcan objetivos de aprendizaje idénticos para todos, que unos alcancen y otros no, sino que los objetivos se adapten a los diferentes ritmos de aprendizaje. Por otro lado, Carmen Sanz (Presidenta de la fundación ‘El mundo del superdotado’ y miembro de la Asociación Educación Abierta) defendió la igualdad de oportunidades para todo el alumnado, así como la necesidad de establecer distintos ámbitos para que los alumnos con altas capacidades puedan desarrollar su potencial. “Un alumno de altas capacidades de ocho años tiene la edad mental de uno de once, de manera que probablemente se aburra en clase, lo que puede desembocar en fracaso escolar”, afirma.

La pregunta entonces debería ser cómo facilitamos una educación diversa en un mismo centro. En este sentido, propone una serie de medidas que, considera, ayudarían a la integración de los alumnos con altas capacidades: la aceleración de curso (dos años en Primaria y uno en la ESO), ingreso temprano en la universidad y la creación de aulas abiertas donde estos alumnos de diferentes cursos puedan aprender juntos una o dos veces por semana. De la Higuera, en cambio, apuntó que se debería revisar la idea de “altas capacidades” para que no se relacione exclusivamente con el CI, sino que se puedan tomar en consideración la empatía, la socialización, las inteligencias múltiples, etc. En aras de una “educación completa e integral todas las habilidades se deben poner al servicio del grupo”. Argumentó asimismo que necesitamos medios para “detectar y conocer la diferencia”, pues “no hay igualdad sin un correcto tratamiento de la diferencia”.

Ante la dicotomía entre centros inclusivos o centros diferenciados, Carmen Sanz defendió que se debería respetar la posibilidad de que los padres elijan dónde y cómo quieren que sus hijos se eduquen. Señaló además que en sistemas más flexibles y abiertos como el de EEUU, es habitual encontrar centros especializados, mientras que en España no existen ni en el sistema público ni en el privado; entre otras cosas, aduce, porque desde el ámbito privado no se percibe como una inversión rentable, aunque “existen alrededor de 160.000 niños con altas capacidades en España aún sin detectar”. De la Higuera, por el contrario, apuesta por una educación inclusiva que haga de la escuela “un reflejo de la realidad”, que fomente los “valores democráticos y la valoración de todas las personas”.

Una vez planteadas las posiciones de las dos ponentes, los asistentes al evento se organizaron en cuatro mesas de debate donde pudieron poner en común sus ideas y opiniones. Tras unos minutos de reflexión y debate, un miembro de cada grupo expuso las conclusiones a las que habían llegado. De nuevo observamos variedad de opiniones entre los que defienden la inclusión y los que promueven la posibilidad de una educación diferenciada. Se planteó la necesidad de llegar a una definición consensuada del concepto inclusión pues “no siempre hablamos de lo mismo”. Además se propuso desarrollar programas de tutorización en los que alumnos con altas capacidades puedan ayudar a los que tienen mayores dificultades, más y mejor formación del profesorado, así como la posibilidad de que convivan centros basados en distintas corrientes metodológicas (aprendizaje memorístico, competencial, etc.), siempre y cuando “la transformación metodológica lleve aparejada una transformación en la evaluación”, que deje de ser un elemento de calificación para convertirse en un potenciador del aprendizaje.

Para finalizar, Javier Cantera recordó la historia de Thomas Edison y su madre, quien le hizo creer que fue expulsado del colegio por sus altas capacidades aunque en realidad lo hicieron por considerarlo incapaz (o eso decía la nota que le enviaron a su casa). Este gesto de la madre ayudó a que el inventor de la bombilla lograra alcanzar sus objetivos. “Es lo que los psicólogos llamamos “efecto Pigmalión””, concluye.

En definitiva, escucharnos no es lo mismo que examinarnos. Tenemos mucho que decir y queremos decirlo, porque la escuela es parte de nuestra vida.

Web: www.madridiario.es

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