La inteligencia emocional en los niños

La inteligencia emocional en los niños

Se ha visto que la felicidad no consiste tanto en tener un gran cúmulo de conocimientos, sino aprender a descifrar lo que nos ocurre y actuar en consecuencia.

La inteligencia emocional se define como: “La habilidad para percibir, evaluar, comprender y expresar emociones, y la habilidad para regular estas emociones para que promuevan el crecimiento intelectual y emocional”. Por lo tanto, la inteligencia emocional no tiene que ver en realidad con el grado de coeficiente intelectual, sino con las características de personalidad y carácter que van a influir y a ser fundamentales para que un niño se desarrolle más feliz, logre alcanzar las metas que se proponga y sea más exitoso.

Las cualidades emocionales que tienen importancia para el éxito son:
• La empatía
• La expresión y comprensión de los sentimientos
• La independencia
• La capacidad de adaptación
• La simpatía
• La persistencia, la cordialidad, la amabilidad y el respeto

Se ha demostrado que las mismas capacidades del coeficiente emocional que dan como resultado que un niño sea considerado como un estudiante entusiasta por su maestra o apreciado por sus amigos, también lo ayudarán en su vida adulta.
La inteligencia emocional engloba todas aquellas capacidades que nos permiten resolver problemas relacionados con los sentimientos y las emociones propios y ajenos. Esto significa que para ser felices es más importante saber descifrar lo que nos ocurre y actuar en consecuencia, que tener almacenados muchos conocimientos.

Por esta razón, muchos profesionales de la educación se están planteando generar en los niños valores y metas que los lleven hacia un conocimiento del ser humano más profundo.
Muchos especialistas creen que los problemas de los niños de hoy pueden explicarse en gran parte por todos los cambios que se han producido en la sociedad, incluyendo el aumento de divorcios, la influencia de la televisión, la falta de respeto a las escuelas como figuras de autoridad y el tiempo reducido que los padres dedican a sus hijos.

Ya que comprendemos que tanto el ambiente familiar como el escolar influyen significativamente en el rendimiento del pequeño, podemos estimular su inteligencia emocional en ambos ambientes enseñándole a entablar amistades y conservarlas, a trabajar en equipo, a respetar los derechos de los demás, a motivarse ante los problemas, a tolerar frustraciones y aprender de ellas, a superar sentimientos negativos como la ira y el rencor, a expresar sus sentimientos de la manera más adecuada y sobre todo a tener una autoestima elevada.

El que el niño se perciba correctamente y se dé valor a sí mismo es una de las responsabilidades y desafíos más grandes tanto de los padres como de los educadores.

Al empezar a trabajar con un bebé es muy importante prestar atención a su temperamento, de modo que nuestras expectativas para este niño sean verdaderamente aptas para su personalidad, ya que los niños que tienen confianza en sí mismos tienen un sentimiento de valor interno que les permite manejar desafíos y trabajar en equipo con otros.

Para lograr estos objetivos es importante mostrarle al niño un respeto positivo incondicional, aunque muchas veces su comportamiento no sea del todo aceptable.

Una de las maneras de demostrarle respeto es ofreciéndole opciones, siempre y cuando éstas sean apropiadas y uno esté seguro de que se pueden llevar a cabo, ya que al inculcarle confianza en sus capacidades para la toma de decisiones le damos un arma importante para reforzar su autoestima constructiva.

Otra manera importante de demostrarle respeto es proporcionándole razones detrás de las reglas, y explicaciones claras del porqué de los límites.

El impulso del niño hacia la independencia y la propia afirmación es una etapa importante del desarrollo emocional. Por lo tanto, es necesario mantener límites cuando sea necesario y permitir independencia cuando sea posible.

Otra cosa importante que debemos tener en cuenta es que muchas veces a pesar de nuestro buen juicio como padres o educadores los niños pueden sentirse tristes, asustados, ansiosos y enojados. Nuestro desafío en este caso es aprender a ayudarlos a hacer frente a sus sentimientos y a expresarlos de una manera socialmente aceptable que no cause daño a otros y que sea apropiada para su edad y sus capacidades.

La mayor parte de los modelos de conducta de un niño, los aprende de los padres y de las personas que lo rodean, por lo tanto, las conductas tanto positivas como negativas durarán dependiendo del tratamiento que se les dé. Si los padres son maduros y emocionalmente inteligentes, el niño recibirá mensajes positivos que le permitirán comprender las consecuencias de sus conductas.

La madurez emocional de los niños se forma poco a poco como parte integral de su desarrollo, en la medida en que sus padres y maestros les enseñan aspectos tales como la exteriorización de los sentimientos, el evitar juegos de poder (como maltratos, manipulación o abuso de poder) y la comprensión de sus temores infantiles. Y recuerda, es necesario fomentar su autodefensa emocional (que expresen lo que les gusta o desagrada) y sobre todo, tenerles paciencia.

Para concluir, hay que tomar conciencia de que como padres y educadores somos la principal fuente de información para que el niño adquiera una mejor madurez emocional. Por lo tanto, es necesario transmitir a los niños habilidades que no sólo le servirán para desenvolverse en la escuela y tener amigos, sino para toda la vida.

*FUENTE.-Gymboree

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