Para los niños el verano significa diversión

 

Aburrimiento, obligaciones, tiempo libre y vacaciones son una mezcla que puede generar tensiones entre padres e hijos, y en la pareja también. Todo esto puede prevenirse. ¿Cómo? Con un trabajo previo de mentalización y con la aceptación de las emociones y pensamientos relacionadas con el aburrimiento por parte de los niños.

El verano, paradójicamente, es tal vez la época más difícil del año. Muchos lo esperan como agua de Mayo y en ocasiones aporta más problemas que soluciones. Uno de los principales es el periodo vacacional de los niños.

El verano y el tiempo libre pueden convertirse en una pesadilla si no se gestionan correctamente. Los niños ansían este periodo y sueñan con él. Los mayores habrán generado expectativas de lo que podrán hacer y a los más pequeños les basta con saber que las mates, la lengua y las ciencias terminan.

Sin embargo….la mezcla tiempo libre y niños a veces puede ser agotadora. Para empezar, las condiciones ambientales no ayudan para realizar cualquier actividad. Pese a que como especie estamos acostumbrados a los cambios de temperatura, el calor genera falta de concentración, insomnio, agresividad e irritabilidad. Si los adultos nos enfrentamos a este tipo de sensaciones, emociones y problemas estacionales, los niños no son menos. Aun así, no toda la culpa es del calor…

Obligaciones: un mensaje equivocado durante nueve meses

El verano es libertad, es sensación de romper con la rutina y desprenderse de las tareas, los deberes y profesores. Si les das a los más pequeños la opción de ser protagonistas de su propio tiempo, responderán con piscina, amigos, playa, primos, dormirse tarde… es decir, fuera responsabilidades. Es entonces cuando aparece el choque de ideas entre padres e hijos. ¿Por qué les cuesta tanto entender que no todo es diversión?

Niños -Padre con su hijo

 

Muchos niños reciben el mensaje durante nueves meses de que su única responsabilidad es estudiar y sacar buenas notas. Esta idea suele ser un recurso de los padres para llamar al orden a sus hijos y mentalizarles de alguna manera . Existen otras situaciones donde los niños son muy buenos estudiantes y no ven recompensa emocional al esfuerzo que realizan. El mensaje es el mismo: “es lo mínimo que tienes que hacer, tu única responsabilidad“.

“Las vacaciones son no tener nada que hacer y todo el día para hacerlo”.
-Robert Orben-

Cuando el aviso durante todo el año es ese, ¿cómo vamos a pedirles otros compromisos durante el verano? Generalmente lo que sienten es una sensación de irresponsabilidad legítima. Para los padres acabado el colegio y las actividades extraescolares parece una necesidad completar la jornada. ¿Cómo? Cuadernos de tareas, refuerzos en academias, campamentos de inglés, tareas en el hogar, cuidar de sus hermanos pequeños…

Si el mandato durante nueve meses ha girado en torno a que su único cometido era sacar adelante el curso en el colegio, en el piano, en inglés, en las matemáticas… y lo consiguen… ¿Cómo queremos que entiendan que cuando llegan las vacaciones y acaba todo deben seguir ocupando su tiempo con ello?

Aburrimiento: maldito tiempo libre…

Colegio, baloncesto, violín, academia de inglés, academia de matemáticas, manualidades, ajedrez, los deberes escolares…. Todo ello dos o tres veces a la semana repartido en los cinco días. Al final el tiempo libre es para la ducha, un rato de televisión y el descanso. Durante nueve meses los hijos tienen una agenda que les viene marcada y que está cuadrada al milímetro para que encaje con la de los padres.

Generalmente no toman decisiones y son transportados de un lado a otro realizando actividades que más o menos les gustan; algo que, en cierta medida, no es malo. No siempre tienen que ser actividades con las que disfruten. El camino del aprendizaje del esfuerzo incluye algunos “sinsabores” que pasan por obligaciones que gustan poco, aunque sepamos que son beneficiosas.

“Las vacaciones demuestran que una vida de placer está sobrevalorada”
-Mason Cooley-
Niños - Niña triste tumbada en el suelo

Los niños notan el cambio; por otro lado, para muchos padres es un verdadero agobio encontrar actividades que ocupen la enorme cantidad de tiempo libre que tienen sus hijos. Cada vez más voces se levantan para recordar que el aburrimiento y el “no saber qué hacer” son imprescindible para el desarrollo mental, motor y creativo de los niños. Cuando tu hijo te dice que se aburre ¿qué sientes? ¿pena o agobio? ¿sensación de mal padre? No te dejes engañar, no eres mala madre porque tu hijo se aburra.

Prepárate para lo que viene. ¿Piscina? Sí. ¿Amigos? Sí. ¿Aburrimiento? También. Compra materiales o facilita elementos de la casa con los que puedan investigar (especies para pintar, harina, pan, lana, cajas de zapatos, botones, etc.). Cuidado, no significa que tu les des las ideas. Debemos ser facilitadores, no programadores. Tienen que despertar sus propios recursos como el interés, la creatividad, la alegría, la curiosidad y la motivación para probar actividades nuevas.

Autora: Paula Murillo                           Web: www.lamenteesmaravillosa.com

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