Niños introvertidos: ¿Cómo los podemos ayudar?

Crecer en una cultura que valora tan positivamente la sociabilidad, el carisma y la extraversión se ha convertido en un reto para los niños que se comportan de manera más introvertida.
También es una preocupación para muchos padres que ven en esta calidad un impedimento para la integración social y el desarrollo de sus hijos. Sin embargo, los expertos recuerdan que la introversión no es un problema sino algo que debemos aceptar e, incluso, atesorar.

La necesidad social de catalogar personas

Niños leyendo

El ser humano busca continuamente encontrar una explicación para todo y en este camino se esfuerza en clasificar los comportamientos de las personas para intentar comprenderlos.
Fue el psicólogo suizo Carl Gustav Jung quien popularizó, a principios del siglo XX, el término introversión en su teoría de la personalidad para referirse a las personas con una tendencia a vivir dentro de su mundo interior. Sin embargo, recuerda Marta Martínez, psicóloga y autora del proyecto Educación respetuosa, que cada niño es único, aunque podamos encontrar similitudes de comportamiento entre ellos.
En este sentido, aquellos niños, que tienden a la introversión, pueden presentar una gran empatía, actitudes más reflexivas y prudentes y ser muy observadores, imaginativos y creativos. Prefieren ambientes tranquilos y requieren de cierto tiempo de adaptación a los cambios exteriores. Los niños con comportamientos más introvertidos, a diferencia de los que actúan con timidez que surge como consecuencia de sentir miedo al juicio o a ser rechazados, eligen tener pocas relaciones con los demás.
No les faltan habilidades sociales sino que las relaciones que eligen son estables, positivas y seguras: tienen pocos amigos pero buenos y, sobre todo, se sienten satisfechos con esta elección.

 

Diferencias entre niños introvertidos y niños tímidos

Los niños introvertidos:
  • Les cuesta compartir sus sentimientos y expresarse emocionalmente.
  • Son observadores.
  • Tienen gran capacidad de escucha.
  • Son tranquilos y reflexivos. Piensan las cosas antes de decirlas.
  • Prefieren realizar actividades por su cuenta antes que en grupo.
  • Suelen ver los errores como fracasos y no los consideran como oportunidades de mejora.
  • Son creativos y tienen mucha imaginación.
  • Se relacionan con los demás discretamente, intentando no sobresalir.
Al contrario de los extrovertidos que encuentran su energía de acción a través de la interacción con otros, los introvertidos dan energía principalmente a través de la reflexión de las ideas que hay en sus propias mentes.
Por el contrario, ser tímido no se considera un rasgo de la personalidad como en el caso de la introversión. Además, una de las principales diferencias entre ser tímido y la introversión es que la persona tímida tiene miedo al contacto social e incluso inhibe de relacionarse, y esto está acompañado de ideas irracionales sobre no ser aceptado por los demás. Son niños que sí querrían relacionarse con los demás, pero el miedo o inseguridad les impide hacerlo.

 

El peligro de los juicios y estereotipos

Niña leyendo

Para Marta Martínez Lledó, son nuestras creencias sobre la introversión y nuestra falta de aceptación como adultos ante lo que creemos que no es socialmente deseable las que convierten un tipo de carácter en un problema. “A los adultos nos cuesta aceptar que un niño no necesite hacer miles de amigos y prefiera tener relación con un número pequeño de amistades, nos resulta muchas veces perturbador ver que durante horas puede jugar solo o que prefiere quedarse en casa en vez de ir a una fiesta. Sin embargo, los niños con carácter introvertido eligen este tipo de vivencias y disfrutan de esta manera. Son niños emocionalmente fuertes y sanos”, explica la psicóloga y autora de Educación respetuosa.
El hecho de vivir en un mundo que tiene miedo de la soledad, en el que las nuevas tecnologías de la comunicación tienen un papel cada vez más importante en nuestra forma de relacionarnos a nivel social, así como la creciente apuesta laboral y escolar por el trabajo en equipo, contribuye a la percepción que las personas introvertidas tienen algún problema que solucionar.
En opinión de la psicóloga, cualquier etiqueta “que le colgamos al niño” es negativa porque cuando lo hacemos, le decimos que es de una determinada manera, poniendo unas expectativas de comportamiento que provocará que el niño termine adaptándose al comportamiento esperado por el adulto. “Vivimos en una sociedad en la que el comportamiento que no encaja cómoda y perfectamente con el sistema establecido se considera patológico”, comenta ella.
El niño movido tiene hiperactividad, el que no está motivado, déficit de atención, el que es introvertido podemos convertirlo en fobia social o Asperger… El sobrediagnóstico en la infancia y la consecuente medicalización es un problema social urgente sobre el que debemos reflexionar. “Para mí está bastante claro que no son los niños los que están enfermos, sino que el problema es el sistema educativo y social en que viven que no les ofrece el entorno que necesitan”, reflexiona.

 

Qué podemos aportar como padres

Cuando las expectativas de los padres ante lo que debe ser “normal” chocan con otras realidades, surge el miedo a lo desconocido y el pensamiento que lo que ocurre no es lo más adecuado. Los mensajes para motivar al niño a que asuma comportamientos de índole más extrovertido y la transmisión de estos miedos provocan la aparición del pensamiento de que algo no está bien dentro del propio niño y es entonces cuando sí surge un problema.
Susan Cain, quien en 2016 publicó El poder de la tranquilidad: las fortalezas secretas de los niños introvertidos, recomienda a los padres revisar nuestro sistema de creencias y aceptar que nuestros hijos son niños tranquilos que necesitan sentirse acompañados y respetados; y no solo tolerar su carácter sino también valorarlo. “Puede ser interesante ofrecer modelos conocidos de personas que tengan un carácter introvertido: ya sean atletas como Andre Agassi o actores como Emma Watson”. Si nosotros mismos u otro miembro de la familia somos introvertidos, puede ser de utilidad hablarle al niño sobre las propias experiencias personales.
Dado que la tendencia a ser introvertido es un rasgo de la personalidad y, por tanto, no es algo malo que necesite ser cambiado o mejorado, no tiene sentido forzar al niño o adolescente a socializar más. Solo hay que valorar su forma de sentir y aceptarla como una opción tan válida como cualquier otra, evitando siempre los mensajes de crítica hacia su forma de actuar. “Si su deseo es tener espacio personal, pasar tiempo solo o no le gusta hablar de sí mismo o de sus emociones, es importante poder ofrecerles entornos sin juicios ni presiones. Comprendiendo que eligen con agrado salir poco, tener pocos amigos o pasar tiempo haciendo cosas solo como leer, escribir, pasear, dibujar, etc.”, reflexiona Marta Martínez.
Añade la experta que, como padres, también tenemos mucho trabajo personal que hacer para reconocer todas aquellas creencias y valores que reproducimos de forma automática por no cuestionar a nuestro grupo de referencia, ya sea la familia o los amigos. “Un padre o madre que vivió en su infancia dificultades para encajar, marginación o sensación de soledad, es probable que cuando mire a su hijo se le despierten miedos y envíe ciertos mensajes que tienen que ver con su propia experiencia y no con la realidad de su hijo o hija”, concluye la psicóloga.

 

Autor: Faros                                         Web: www.aros.hsjdbcn.org
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