Niños: tienes que aprenderlo todo, todo y todo.

 

Imagínate como un smartphone humano. ¿Qué aplicaciones anticuadas debes borrar de tu mentalidad y qué sistemas, habilidades y actitudes va siendo hora que descargues?” Richard Gerver: El Cambio(página 49)

Me parece una imagen sugerente la que propone Gerver en la cita anterior, pero tiene algunos matices que me gustaría comentar. Imaginemos a docentes y alumnos como smartphones… es cierto que no pueden manejarse siempre con el mismo sistema operativo sino que deben actualizarlo cada cierto tiempo (cada vez más a menudo), ya que la sociedad y la tecnología se transforman a velocidad de vértigo. Pero a diferencia de los gadgets tecnológicos, las personas tenemos la capacidad de decidir si queremos o no actualizar el sistema, de si queremos cambiar de sistema operativo, etc.
No es menos cierto que cada día aparecen nuevos programas y aplicaciones (app) que mejoran las prestaciones de los smartphones. La capacidad de decidir de manera autónoma qué nuevas app deben descargarse docentes y alumnos debería ser el objetivo principal de la escuela. Porque en un smartphone es el usuario quien debe dar la orden de cargar o descargar un programa, pero docentes y alumnos deben hacerlo de manera autónoma para facilitar el aprendizaje continuo a lo largo de la vida.
Finalmente, así como los teléfonos móviles funcionan con baterías recargables, docentes y alumnos necesitan del entusiasmo como fuente de energía y, desgraciadamente, no existen tomas de corriente donde conectarse para recargar el entusiasmo.
Niños: tienes que aprenderlo todo, todo y todo.
Desafortunadamente, en la comunidad educativa existe una constante (casi) universal: Los alumnos deben aprenderlo todo, o lo que es lo mismo, los docentes deben enseñarlo todo. Y lo que es peor, todos deben aprender y enseñar lo mismo. ¡Cómo si el conocimiento fuera una cosa inmutable que, una vez adquirida, durase toda la vida!
La educación que se recibe en la escuela debe servir para canalizar el espíritu crítico de las personas a través del pensamiento creativo, del trabajo colaborativo, la gestión de las emociones y la inteligencia ejecutiva. Los conceptos de las distintas áreas o materias también son importantes, sin duda. Pero se trata de no abordarlos desde la memorización mecánica, esa que es a corto plazo y se olvida justo después de la evaluación, sino que deben trabajarse desde la experimentación y la aplicabilidad, desde contextos reales y cotidianos. Y eso no está al alcance de ningún smartphone.
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