Niños y padres: enseña respeto siendo respetuoso.

Niños: ocho maneras de conseguir su cooperación. Enseña respeto siendo respetuoso

Cuando los adultos hablamos de “disciplina” solemos habitualmente relacionarlo casi de forma inconsciente con los castigos, parece que una cosa fuera unida a la otra.

Los adultos a veces gritamos, sermoneamos, damos un cachete, quitamos privilegios o castigamos a un niño en un rincón para que reflexione sobre lo que ha hecho.

El castigo es inequívocamente efectivo en el momento, conseguimos que el niño pare el mal comportamiento pero desgraciadamente no genera el aprendizaje ni fomenta las habilidades socioemocionales que deseamos que adquieran.
El castigo aunque eficaz en un primer momento invita tanto a adultos como a niños a luchas de poder y en los niños provoca sentimientos de rebeldía, revancha, resentimiento o retraimiento.

La disciplina que es “positiva” se basa en un premisa que la diferencia del concepto de la disciplina tradicional.

“NOS PORTAMOS MEJOR CUANDO NOS SENTIMOS MEJOR”.

Disciplina deriva del latin discipulus que significa discípulo, quien recibe una enseñanza de otro. Sus componentes léxicos son discer (aprender) más el sufijo ina (pertenencia).

La mayoría de nosotros tenemos una idea de la disciplina que proviene de nuestros padres, de la sociedad, de la tradición.
En el fondo hay muchos adultos que dudan de que un niño pueda aprender a ser respetuoso y educado sino recibe una enseñanza que la mayor parte suele ser de escarmiento o lección en la que le hagamos pagar por su mal comportamiento.

También dudamos de la eficacia de nuestra intervención sino es en el momento inmediatamente posterior al conflicto o reto al que nos enfretamos sin darnos cuenta que cuando tomamos medidas bajo el efecto de un cerebro desconectado de sus funciones ejecutivas, estas no van a ser sabias, ni van a resolver el problema y lo peor de todo van a dar un ejemplo poco alentador al niño.

Cuando se prescinde del uso de los castigos no es que no se desee resolver los conflictos, no es que se quiera actuar con permisividad, obviando el respeto hacia la situación o hacia uno mismo, es que lo que se desea por encima de todo es que el niño aprenda y modele la forma que se usa para resolver ese conflicto.

Los adultos se pueden formular con frecuencia estas preguntas:
– ¿Cómo puedo conseguir que mi hijo se involucre?
– ¿Cómo puedo hacer que mi hijo comprenda el significado de “no”?
– ¿Cómo puedo conseguir que mi hijo me escuche?
– ¿Cómo puedo hacer desaparecer este problema?
En estos casos, el adulto está pensando a corto plazo.

Si el adulto está preparado para un cambio de paradigma se podría fácilmente formular las siguientes preguntas.
– ¿Cómo puedo ayudar a mi hijo sentirse capaz?
– ¿Cómo puedo ayudar a mi hijo a aprender respeto, colaboración y habilidades para la solución de problemas?
– ¿Cómo puedo entrar en el mundo de mi hijo y comprender su proceso evolutivo?
– ¿Cómo puedo convertir los problemas en oportunidades para aprender para mi hijo y para mí?
Estas preguntas se centran en la situación global y se basan en un pensamiento a largo plazo.

Cuando los padres pueden responder a las segundas, las primeras encuentren respuesta por si solas.

Los niños se implicarán más y colaborarán cuando tengan sentido de pertenencia y se sientan valiosos y contributivos, entenderán el “no” cuando se les tenga en cuenta a la hora de buscar soluciones y escucharan cuando los padres les escuchen a ellos y les hablen de forma que les inviten a ser escuchados.
Es probable que cuando decimos que un niño no nos escucha en realidad queremos decir que un niño no nos obedece.
Los problemas se solucionan más fácilmente cuando los niños participan en el proceso.
Niño con mama

Ilustraciones Naranjas y Zapatos

A continuación te invito a que leas 8 sugerencias de cómo invitar al niño a la cooperación.

1- IMPLICAR AL NIÑO
La palabra educación precede del latín educare que significa “mover adelante”, esto posiblemente explique el motivo de la desconexión de los niños cuando intentamos “rellenarles” de exigencias o sermones.
En lugar de decirle al niño lo que debe hacer encuentra la manera se implicarlo y averiguar que siente y piensa. Las preguntas de curiosidad en lugar de las órdenes te ayudaran a conectar con él.
¿Qué piensas sobre…? ¿Qué necesitas para…?
Crea Rutinas juntos, implícale en los acontecimientos diarios que se repiten, levantarse, acostarse, cenar, ducharse… confecciona una tabla de rutinas con él.
Ofrece opciones limitadas, si le das opciones el niño tiene sensación de su propio poder personal, si lo que proponga no está en consonancia con su nivel evolutivo puedes redirigir diciéndole que esa no es una opción pero que puede elegir entre esta y esta…
Proporcionar oportunidades para ayudar, los niños pueden resistirse a la orden, pero difícilmente se resisten a una petición de ayuda.

2- ENSEÑAR RESPETO SIENDO RESPETUOSO
La amabilidad a la vez que la firmeza proporciona el entorno adecuado para que pueda darse el respeto mutuo, ya que siendo amables gracias a conectar con ellos estamos respetando las necesidades y dignidad del niño y su desarrollo evolutivo, si somos firmes a la vez, podemos perfectamente atender a nuestras necesidades y las propias de la situación.
No uses la humillación, la comparación o intentes avergonzar al niño ante otros, esto puede causarle un gran dolor.

3- UTILIZAR EL SENTIDO DEL HUMOR
Nadie dijo que la educación tuviera que ser aburrida, la risa, las confidencias y los chistes pueden en muchas ocasiones ser la mejor forma de afrontar conflictos.
“Aquí viene el monstruo de las cosquillas para llevarse al niño que no quiere recoger los juguetes”
Esto no significa que no haya que darle importancia a las situaciones que necesitan de una intervención, pero las normas serán más fáciles de seguir si empleamos la cordialidad y el humor.

4- ENTRAR EN EL MUNDO DEL NIÑO
Creemos que los niños pueden estar haciendo o no haciendo determinadas cosas por capricho o por molestarnos cuando hay veces que sencillamente no tienen las habilidades necesarias debido a sus limitaciones evolutivas.
Las rabietas , los miedos nocturnos y otras etapas forman parte del desarrollo y hay que mostrar empatía, esto no significa rescatar al niño pero si comprenderle.

5- SER COHERENTE MANTENIENDO LO QUE SE QUIERE DECIR CON CARIÑO Y FIRMEZA.
Lo mejor es no decir algo si no se va en serio y no puedes decirlo de manera respetuosa, cuantas menos palabras mejor.
Es un buena idea redirigir al niño hacia algo que “si” puede hacer en lugar de lo que “no” puede hacer, puedes bajar al niño del tobogán sin mediar palabra cuando es hora de irse en lugar de iniciar una discusión sin fin o una lucha de poder, esto también puede ser con los más mayores cuando tratamos sobre dispositivos digitales, siempre de manera firme y amable.
6- SER PACIENTE
No te tomes el comportamiento del niño como algo personal, habrá veces que no sea capaz de realizar algo a la primera.

7- ACTUAR, NO HABLAR Y SUPERVISAR DE CERCA.
Menos es más.
Menos palabras, más acciones.
Si crees que no vas a poder ser respetuoso en tu interacción con el niño, no hables y actúa, transmitiéndole suavidad y tranquilidad en tu kinestesia.

Niños con berrinche

8- ACEPTAR Y VALORAR LA SINGULARIDAD DEL NIÑO.
Cada niño es único y singular, no vuelques tus expectativas en él o pretendas que consiga los hitos de otros niños de su edad o entorno, cada uno tiene su propias fortalezas y observarle desde el respeto te puede ayudar a conocer muy bien cuáles son las de tu hijo.

Piensa que los adultos somos entrenadores de vida, les debemos ofrecer la mejor versión de nosotros mismos, mostrarles respeto y dignidad para que ellos con nuestro ejemplo puedan devolver a los que les rodean la misma percepción y mirada.

Hacerles llegar nuestro mensaje de amor, la conexión con el niño, que podamos transmitirles lo valiosos y contributivos que son y que sientan.

Bibliografía “Disciplina Positiva para Preescolares”.Jane Nelsen

 

Autora: Carmen Fernández Rivas                        Web: www.padresayudandoapadres.es

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