¿Cómo ofrecer una educación de calidad en nuestras escuelas?

“La educación es un descubrimiento progresivo de nuestra propia ignorancia.”          

   – Will Durant –

Debo confesar que cuantas más cosas creo saber sobre educación, cuantos más libros leo, cuanta más gente sabia escucho y cuantas más experiencias conozco; menos claro tengo qué, cómo, con qué y cuándo enseñar… lo que no sé es si es algo bueno o algo malo.

Educación de calidad

Sospecho que es algo positivo, ya que vivimos en un mundo tan complejo y diverso en el que, al menos en lo que se a la educación se refiere, no existen soluciones únicas, infalibles e indiscutibles.

Quizás este sea el motivo por el cual, en el panorama educativo actual, estamos perdiendo el norte. Olvidamos con demasiada frecuencia el verdadero propósito de la educación: que nuestros alumnos y alumnas dispongan de los conocimientos, las destrezas, las habilidades, el carácter… que les permitan estar preparados (en el sentido más amplio que puedas imaginar) para la vida. Olvidamos demasiado a menudo que lo que debemos conseguir en nuestras escuelas, no es que los niños y las niñas hagan lo que quieran, si no que quieran lo que hagan (Montessori).

Tenemos una tendencia casi obsesiva a complicarnos la existencia, y lo que es peor aún la existencia de nuestros alumnos y alumnas. Proponemos supuestas innovaciones cada vez más complicadas y complejas que no apartan mejora ni solución real alguna, pero las defendemos porque “molan” porque es “cool”, porque nos diferencia de “otros”.

Si de verdad queremos mejorar la calidad de la educación que ofrecemos en nuestras escuelas, debemos plantearnos propósitos claros y sencillo como estos:

– Leer comprensiva y compulsivamente.
– Comunicarse de forma eficaz, ya sea oralmente o por escrito. Utilizar provechosamente las TIC.
– Ser capaces de plantear y resolver problemas, es decir, ser capaces de pensar de forma creativa y crítica.
– Conocer el mundo que nos rodea, pero no de memoria sino comprendiéndolo. Educar localmente para entender el mundo en su globalidad.
– Conocer y dominar el lenguaje de las ciencias, de las matemáticas; pero también el de la música, la pintura, la escultura…
– Conocer las emociones y dominarlas. Tener un carácter perseverante, meticuloso, resiliente…

Para conseguir esto (y seguramente alguna que otra cosa más) hay muchos caminos. Busca y encuentra el tuyo propio, evalúa los resultados que consigues, revísalo permanentemente y, sobre todo, compártelo con otros. Pero ten siempre presente que “la complejidad es tu enemiga. Cualquier tonto puede hacer algo complicado. Lo difícil es hacer algo simple.” (Richard Branson).

Autor: Salvador Rodriguez                                      Web: www.salvarojeducacion.com

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