¿Puede un algoritmo educar a un niño?

Los megamillonarios de Silicon Valley saben perfectamente que es mucho mejor que sus hijos tengan una enseñanza personalizada a que sean instruidos por los algoritmos de los ordenadores. Pero es inexacto decir que apartan a sus hijos de la tecnología, pues cuando terminan las clases la utilizan en su casa.” Linda Castañeda

¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? es el título del libro en el que se está inspirada la película de culto Blade Runner. ¿Serán las generaciones futuras educadas por robots mediante complejos algoritmos?, podría ser el título de una reflexión sobre el futuro inmediato de la educación.

Uno de los grandes retos a los que va a enfrentarse la educación en los próximos años, como otros muchos aspectos de nuestro mundo, es la “robotización” de los procesos de enseñanza/aprendizaje. De hecho, el proceso ya ha comenzado. Se están empezando a proponer soluciones tecnológicas simples (y de bajo coste) a complejos problemas y situaciones educativas. Se pretende que un algoritmo marque el camino de aprendizaje personalizado para cada uno de los estudiantes. Se piensa erróneamente que un buen algoritmo es mejor que un mal profesor… pero deberíamos tener claro que ese es el peor error que se puede cometer para que la educación del futuro sea de calidad.

Un algoritmo nunca podrá sustituir a un docente, como mucho podrá ayudarle, facilitar su tarea. Pero esto es así siempre y cuando entendamos de una vez por todas que en las escuelas los alumnos van para mucho más que para aprender contenidos de las distintas áreas curriculares o asignaturas, allí los alumnos y las alumnas deben aprender todos aquellos contenidos, todas aquellas destrezas y habilidades que les permitan tener éxito en la vida.
Con un algoritmo se puede instruir, pero no educar. Como dice Catherine L’Ecuyer:
La dificultad de educar, y también paradójicamente el éxito en hacerlo, reside precisamente en eso: en la capacidad de discernir entre lo que reclama el niño y lo que reclama su naturaleza, que no siempre coinciden. Eso no lo puede hacer un manual de crianza escrito por personas que no conocen a nuestros hijos, no lo puede hacer una aplicación informática, por muy sofisticados que sean sus algoritmos, ni nos lo pueden resolver consejos, por muy bienintencionados que sean, y menos si son oportunistas y seudocientíficos.

La tecnología está facilitando y facilitará, sin ninguna duda, los procesos de enseñanza/aprendizaje. Pero, en educación, el factor humano es indispensable e insustituible. El mundo actual es digital, nuestros hijos y alumnos usan la tecnología para su vida cotidiana e incluso algunos piensan que los robots nos sustituirán en muchas de las tareas que no necesitan de la creatividad y la intuición de los humanos… y la docencia es una de estas tareas.
Autor: Salvador Rodriguez                                Web: www.salvarojeducacion.com
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