¿Qué es el trauma del desarrollo?

Sufrir falta de apego, abandono o negligencia por parte de nuestros cuidadores primarios genera traumas. Tanto es así que es común llegar a la edad adulta y experimentar nuevas experiencias traumáticas: por nuestra necesidad de afecto, por relaciones dependientes, por la baja autoestima…

El trauma del desarrollo crea una lesión interna que puede durar toda una vida. Lo sufren aquellas personas que no tuvieron unos progenitores capaces de suministrar afecto, atenciones y por encima de todo, un apego saludable. El impacto del estrés y la soledad ocasionados por estas carencias media, a menudo, en el desarrollo cerebral temprano hasta el punto de aumentar el riesgo de padecer diversos problemas psicológicos.

Ansiedad, depresión, impulsividad, trastorno del estrés postraumático, problemas del aprendizaje, del desarrollo del habla, deterioro cognitivo… Son muchas las dimensiones que se vinculan al trauma del desarrollo, conocido también, como trastorno del apego reactivo. Ese fracaso por parte de los cuidadores primarios a la hora de conformar un apego seguro trae, a menudo, duras secuelas que se arrastran en la edad adulta.

Somos conscientes de que la literatura científica sobre los traumas de infancia es muy extensa y que el tema, sin duda, no es nuevo. Sin embargo, nunca dejaremos de incidir en la relevancia que tiene para el ser humano, poder disfrutar de una niñez saludable donde nunca falten adecuados nutrientes emocionales.

En caso de haber vivido en piel propia los efecto de la negligencia familiar, es común que a ese trauma del desarrollo se le superpongan nuevos problemas, nuevos trastornos o nuevas situaciones traumáticas. A veces, esa herida de infancia da forma a una autoestima débil, a una necesidad de recibir afecto casi desesperada, derivando así en relaciones afectivas dependientes, tan problemáticas como dañinas.

Es una realidad compleja en la que vale la pena detenerse.

«Traumas de la infancia, al fin y al cabo es lo que somos cada uno de nosotros, traumas de la infancia».

-Albert Espinosa-

Trauma del desarrollo ¿qué es?

Para entender en profundidad el trauma del desarrollo, es interesante detenernos en los trabajos del doctor Bessel Van der Kolk. Es de hecho toda una autoridad en este campo y la máxima referencia. Libros como El cuerpo lleva la cuentaCerebro, mente y cuerpo en la superación del trauma son un claro ejemplo de su amplia experiencia en ese complejo universo del sufrimiento ocasionado por los traumas.

El doctor Van der Kolk es profesor de la Universidad de Harvard, y fundador del Trauma Center de Brookline (Massachussetts). A lo largo de su carrera, ha ayudado a decenas de niños y a adultos a superar los efectos del trauma del desarrollo, logrando ir más allá del mero alivio de unos síntomas y de unos recuerdos dolorosos. La ruta de la auténtica sanación, en estos casos, requiere también que la persona se conecte con su propia energía vital para reconstruirse de nuevo, para crear un nuevo presente y unas perspectivas de futuro.

Lograrlo no es fácil. Es más, el enfoque clínico que usa este experto a la hora de abordar el trauma del desarrollo es multidisciplinar. Implica terapia, implica ejercicio, relajación, arte, narrativa, pruebas médicas y también neurociencia. Porque las heridas ocasionadas por el abandono, el maltrato o la falta de afecto, impactan en cada fibra del ser humano, y nada de ello se puede borrar, pero sí reconstruir.

El desajuste y el cerebro herido

En los primeros meses de vida, un bebé depende por completo de sus cuidadores para satisfacer sus necesidades. Ahora bien, un niño no solo necesita alimento para subsistir. En esa primera etapa vital necesita también una sintonización emocional, ansía sentirse seguro, validado, atendido y querido para que su desarrollo sea óptimo.

Si esto no se da, si el niño percibe, por ejemplo, que llorar no le sirve para ser atendido, se produce un desajuste. Asimismo, hay otro aspecto que debemos tener en cuenta. El cerebro de los bebés se desarrolla de dentro a fuera. Esas áreas más internas y las primeras en evolucionar son las más primitivas y puramente emocionales.

De este modo, si estas se consolidan a través de la seguridad, la empatía y el afecto, se irán conformando, poco a poco, las capas siguientes con mayor armonía, reajustándose así la corteza cerebral que edifica las funciones ejecutivas, la reflexión, la resolución de problemas, etc. Por contra, crecer con miedo y estrés altera la conectividad, ya que se produce un exceso de cortisol y en consecuencia, un retraso madurativo.

mujer que sufre trauma del desarrollo

Falta de sintonía con su entorno y consigo mismos

El trauma del desarrollo da forma en muchos casos a una mente desconfiada y fragmentada. El niño que ha crecido sin un soporte emocional válido, no confía en nadie y se limita a vivir en modo supervivencia. Una parte de él necesita de manera desesperada contar con el apoyo de los demás, ansía con todo su anhelo encontrar ese amor del que se le ha privado

Lo quiere, pero tiene miedo, no soporta la idea de ser herido de nuevo. De ahí que se generen conductas muy complejas, a veces hasta violentas o incluso autodestructivas. Carecen de esa sintonía real con la que conectar con los demás y consigo mismos; esto les conduce a experimentar desde falta de control, impulsividad, ansiedad, ideación suicida, etc.

¿Cuál es el enfoque para tratar el trauma del desarrollo?

El doctor Bessel Van der Kolk explica en su libro El cuerpo lleva la cuenta (cerebro, mente y cuerpo en la superación del trauma) que no se pueden «tratar» como tal los hechos acontecidos en el pasado. No se puede borrar lo sucedido, no se puede volver atrás para impedir que determinadas cosas sucedan. Lo único que puede y debe hacerse es trabajar los síntomas y reconstruir a la persona.

De ahí, que sea esencial que desde una adecuada terapia psicológica, se trabajen los siguientes aspectos:

  • Tratar la ansiedad y la depresión.
  • Trabajar el miedo, los recuerdos traumáticos, la sensación de estar siempre alerta, el temor a ser rechazados.
  • Mejorar la autoestima, el sentido de identidad, la capacidad de abrirnos a otras personas y poder confiar.

Asimismo, el doctor Van der Kolk incide en la importancia de complementar la terapia con otros aspectos como atender la alimentación, el sistema inmunitario, el buen descanso, las habilidades sociales, mejorar los procesos cognitivos, incentivar las aficiones, la creación de nuevos proyectos vitales, etc.

Es, como vemos, un tema complejo que requiere sin duda de un enfoque multidisciplinar para potenciar la calidad de vida de las personas que lidian con la herida de los traumas.

 

Autora: Valeria Sabater

Web: www.lamenteesmaravillosa.com

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