Todos contra el ‘bullying’: así se detecta el acoso escolar en casa

En los últimos años, el acoso escolar se ha convertido en uno de los problemas más graves en el ámbito educativo. También en España, donde, según datos de la OMS, un 24,8% de los niños de entre 11 y 18 años sufre o ha sufrido ‘bullying’. La prevención es fundamental para atajar un asunto de consecuencias dolorosas que pueden llegar a ser dramáticas.

La forma de acoso escolar más habitual es la violencia psicológica. Pero las víctimas también sufren golpes, escupitajos e incluso hurtos y robos. Todo vale con tal de hacer daño. No obstante, el objetivo de los acosadores es arrinconar, intimidar y someter al acosado. “El bullying es un niño, una niña, un adolescente con poder haciendo sufrir a otro”, en palabras de José Luis Sancho, psicólogo y director del programa Alerta ‘bullying’ de Ginso.

Estiman los expertos que en España se producen más casos de los que se denuncian; entre otros motivos, porque el silencio es uno de los grandes cómplices del bullying. De hecho, en ocasiones, cuando se tiene conocimiento del caso, ya es demasiado tarde. De ahí que la detección precoz sea la principal aliada.

Como delito contra la integridad moral, el acoso escolar viene definido por tres características: busca hacer daño, demostrar superioridad en la relación y se produce de manera reiterada. Por ello, niños, padres y profesores deben involucrarse en un problema que puede ser advertido en casa ante los siguientes indicios:

  • problemas en el sueño, ya sea por querer retrasar la retirada a la cama o por la presencia de pesadillas;
  • cambios en el carácter, una mayor sensibilidad e incluso agresividad;
  • deseos de soledad y silencio;
  • la apatía y la tristeza se apoderan de su estado;
  • síntomas psicosomáticos, como dolores, fiebre o vómitos, que aparecen como consecuencia de la ansiedad; hay que prestar especial atención si surgen al final del fin de semana o de un periodo vacacional en el que no ha habido ningún problema de este tipo;
  • cambios en los hábitos alimentarios, ya sea por una pérdida de apetito o una mayor necesidad de ingesta;
  • falta de concentración y caída del rendimiento escolar, que se puede reflejar en el olvido de las tareas o unas peores notas;
  • búsqueda de excusas para no ir a clase;
  • evita invitar a amigos a casa;
  • material escolar extraviado o deteriorado y ropa estropeada o especialmente manchada.

Ante la más mínima sospecha es fundamental hablar con el niño de forma tranquila para que se exprese con sinceridad. Para ello, se debe fomentar un clima de confianza y seguridad que favorezca que el menor se sienta escuchado y comprendido.

Solo así se podrá atajar con éxito un probable caso de acoso escolar, un problema que hoy en día se agrava a la salida de clase a través del móvil y las redes sociales. Y no solo eso, esta grave problemática multiplica por dos el riesgo de sufrir trastornos psiquiátricos y deriva con frecuencia en el suicidio, segunda causa de fallecimiento en la edad adolescente.

Autor: Madridiario                             Web: www.madridiario.es
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