Un conejito rencoroso – Un precioso cuento para compartir

UN CONEJITO RENCOROSO

Un cuento con infantil destinado a reflexionar sobre los valores.

 

Una mañana un conejito se despertó y recordó que alguien le había ofendido. Se sintió mal, quiso desquitarse; pero decidió guardárselo.

Se levantó de la cama, salió de su madriguera y se fue a trabajar a la huerta. De camino se encontró con alguien que hacía varios años le había humillado. Quiso vengarse; pero sintió que no podía, y también se lo guardó.

De esta manera el conejito fue guardando en su corazón: odio, enojo, amargura, resentimiento…, que lo llevaron a ser rencoroso. Se había convertido en un conejito rencoroso

Cuando llegó a la huerta, se puso a sembrar zanahorias y lechugas con los demás compañeros. Pero con su actitud rencorosa entre gritos y enojo empezó a llevarse mal con todos.

Al final de la jornada, cuando llegó a su madriguera, se preparó un té, se sentó en el sofá y se puso a ver la televisión; pero se sentía triste. No quería tener rencor en su corazón.

Con los primeros rayos del sol de la mañana, el conejito se levantó decidido a subir a la una montaña a buscar una solución a su rencor. Para ello fue a visitar a un hombre sabio a quien le confesó:

–          Gran hombre sabio, necesito tu ayuda. Siento mucho rencor en mi corazón que me está destruyendo por dentro. ¿Qué es lo que puedo hacer para solucionarlo?

El hombre sabio que estaba meditando bajo la sombra de un árbol, miró al conejito  pensó por un momento y luego le expuso:

–          Para librarte del rencor debes seguir estos cuatro pasos:

–          Por favor, dígame cuáles son esos pasos, preguntó el conejito

–          Debes confrontar el rencor, admitir que sientes rencor, renunciar a este rencor y perdonar.

El conejito guardó silencio por un momento y acercándose le dijo:

–           ¡Muchas gracias, un gran y sabio consejo!

–          Recuerda…, tu responsabilidad es perdonar renunciando a vengarte sin importar el daño que te hayan hecho, le explicó el hombre sabio dándole una palmadita en la espalda.

Luego el hombre sabio le invitó a que se quedara a compartir su comida con él. El conejito se puso muy contento y acepto.

Desde ese día el conejito se liberó del rencor, ya no estaba atado y su manera de actuar con los compañeros de la huerta fue distinta. Empezó a tener más amigos y a disfrutar con ellos.

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